VeranuM TempuS
En 2020 la Oficina de Meteorología del gobierno de Australia, que registra el progreso de la temperatura del Oceáno Pacífico analizando siete modelos climáticos mundiales, anticipó que La Niña sería de corta duración y de fuerza débil a moderada. “Cabe señalar que la fuerza de un evento no es necesariamente igual a la fuerza de su efecto. Para que 2021-22 sea considerado como un año de La Niña, el evento deberá mantenerse durante al menos tres meses” señalaron en ese momento.
El evento de los Niños ya visitaban al nuevo mundo mucho tiempo antes a nuestro arribo a esta parte del planeta, los primeros registros se remontan a 1892 los que fueron realizados por un capitán peruano que detectó la existencia periódica de una corriente marina cálida en las costas habitualmente frías del Perú. Hay registros que se remontan a 1789 y 1793 donde se reportaron graves sequías en Asia, Australia, México y el sur de África. Pero en la cultura pre Colombina ya se sabía de ellos.
En estos últimos 50-60 años los infantes climatológicos han crecido tanto en intensidad como en extensión, pegaron un estirón, obteniendo entre sus logros importantes y prolongadas sequías, inundaciones, olas de calor, tormentas más extremas, severas, frecuentes y grandes incendios forestales al lograr implementar una estrategia que le permitió inter actuar combinadamente al mar con la atmósfera, gracias a esta retroalimentación se volvieron más fuertes y contestatarios.
La última Niña prolongó su estadía a tres años para hacer su trabajo y cumplir su rol dentro de las condiciones dadas. Hoy sería prudente adoptar ante la llegada del Niño una postura más conservadora pues al momento estaría presentando una actividad moderada haciendo que los pronósticos deban esperar a cómo se va dando este proceso madurativo ya que como todos los jóvenes vienen a cuestionarnos. Y a veces con motivos justificados.
Recién acabamos de salir de un particular período de tres años consecutivos de La Niña que, en contraposición al Niño, se caracteriza por sus aguas con temperaturas más bajas en el Pacífico ecuatorial, con un efecto de enfriamiento que contribuye a mantener bajo control las temperaturas de las superficies Oceánicas, y así desdibujar el calentamiento global.
Ahora estamos ingresando, demoradamente, en un fenómeno climático del Niño que se caracteriza por aguas cálidas en el Pacífico central y oriental. Pero al desactivarse el efecto de enfriamiento de la Niña, el calor será cada vez más evidente en un contexto donde el Niño suele ralentizar los vientos alisios en los trópicos mientras se debilitan los vientos de océanos y tierras de todo el planeta.
El escenario que se configura hoy presenta un contexto medioambiental inusual del cual no hay demasiados registros que permitan realizar un pronóstico.
Desde mediados de marzo de 2023, las temperaturas oceánicas se han disparado hacia los niveles medios más altos en 40 años de seguimiento y registros satelitales.
Una de las causas probables de esta anomalía de tres años que mantuvo a La Niña en casa podrían ser los enormes incendios de Australia en 2020/2021 que produjeron una nube de humo que cruzó el Atlántico proyectando una sombra que enfrió la superficie oceánica, lo cual contribuyó a desestacionalizar el ciclo de alternancias entre Niña y Niño.
Esta modificación calendaria seguramente tendrá un impacto en el Niño que nos visita y que recién podremos monitorear en el próximo equinoccio de 2023, cuando se analice si el escenario que se le presenta al infante meteorológico lo invita a que se mantenga activo más allá de lo esperado.
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