El SuperNiño Sobrevuela Mayo
El Océano Pacífico Alcanza el Umbral de El Niño y el Pico del Fenómeno Podría Comenzar en Invierno
El Pacífico ecuatorial comienza a mostrar señales inequívocas de transformación. Aunque una anomalía semanal en la temperatura de la superficie del mar no basta por sí sola para confirmar el fenómeno, los especialistas observan un escenario que podría marcar el inicio de muchas semanas asociadas a El Niño 2026/2027.
Para el sudeste de Sudamérica, este fenómeno suele traducirse en un cambio profundo del pulso atmosférico. Las precipitaciones tienden a ubicarse por encima de lo normal, especialmente durante la primavera y el verano, aumentando también la probabilidad de lluvias intensas y episodios de precipitación extrema.
El contexto global añade una dimensión adicional a esta evolución oceánica. En lo que va de 2026 ya se han batido diversos récords meteorológicos, y el año se encamina a situarse entre los más cálidos desde que existen registros, mientras el Pacífico acumula energía en silencio.
Si la tendencia actual se consolida, el planeta podría enfrentarse a un fenómeno fuerte, temprano y prolongado. Un océano más cálido actúa como una vasta reserva de calor y humedad capaz de alimentar la atmósfera, elevando temperaturas regionales y globales e intensificando tanto sequías como lluvias extremas.
Mayo todavía transcurre dentro de la denominada “barrera primavera-otoño”, un período en el que la capacidad predictiva presenta mayores márgenes de incertidumbre. Sin embargo, las proyecciones más recientes revelan una señal persistente: con cada actualización mensual y con cada nueva observación incorporada, los modelos intensifican gradualmente el calentamiento del Pacífico ecuatorial.
La magnitud final del fenómeno continúa siendo una incógnita. Aun así, diversas previsiones apuntan a temperaturas que podrían superar en 2 °C o más los valores medios del océano. De confirmarse, aumentaría la posibilidad de un evento intenso y quizá capaz de alcanzar el umbral de un denominado “Super El Niño”.
La combinación entre calentamiento global y un episodio intenso de El Niño despierta especial atención entre los climatólogos. No se trata únicamente de un océano más cálido, sino de la interacción entre dos fuerzas capaces de amplificar la frecuencia y severidad de los fenómenos meteorológicos extremos.
La historia climática reciente aporta cautela. Las predicciones no siempre se cumplen. En 2017, por ejemplo, distintos modelos anticipaban la llegada de El Niño, pero la evolución atmosférica terminó derivando en condiciones de La Niña.
Esa incertidumbre forma parte de lo que los especialistas denominan barrera de predictibilidad: una región del pronóstico donde pequeñas variaciones pueden modificar escenarios enteros y donde el cambio climático añade nuevas complejidades a sistemas ya de por sí sensibles.
Mientras tanto, la vigilancia del océano nunca ha sido tan precisa. El monitoreo satelital y las redes de boyas oceánicas —con más de 4000 instrumentos distribuidos en el Pacífico desde la década de 1980— permiten observar la evolución del sistema climático casi en tiempo real. Estas herramientas mejoran la capacidad de anticipación frente a impactos económicos y alimentarios asociados a eventos extremos, una línea de trabajo en la que participó el científico climático Kevin Trenberth tras el histórico episodio de 1982.
El episodio más intenso del que se tenga registro, ocurrió en 1877 y contribuyó a una hambruna que provocó pérdidas de entre el 3 y el 4 por ciento de la población mundial.
Ben Noll/The Washington Post; ECMWF/NOAA
Bajo la superficie del Pacífico, el calor continúa reorganizando el sistema. Todavía quedan incógnitas por resolver, pero el océano ya ha comenzado a hablar. Y, como tantas veces en la historia climática del planeta, sus señales podrían anticipar cambios que terminarán sintiéndose muy lejos de sus costas.
El tiempo dirá.
Notas relacionadas
Hay una diferencia entre tiempo y clima.
El tiempo cambia constantemente y es inmediato.
El clima es el patrón a largo plazo y más estable.
Los vientos polares están activos y seguirán provocando masas de aire frío y seco que circulan en niveles medios y altos de la troposfera, avanzando provocadoramente sobre la cordillera para marchar hacia el territorio amazónico.