Jane Goodall
Etóloga

1934-2025

A los 91 años, murió la primatóloga Jane Goodall, una de las mayores conservacionistas del mundo. La investigadora británica, que ganó estatus científico al describir el comportamiento de los chimpancés en estado salvaje, falleció debido a causas naturales en Los Ángeles.

Nació en Londres el 3 de abril de 1934. Sus padres fueron Mortimer Herbert Morris-Goodall, un hombre de negocios, y Margaret Myfanwe Joseph, una novelista que escribía bajo el seudónimo Vanne Morris-Goodall. De niña, recibió de regalo un chimpancé de peluche al que su padre nombró «Jubilee», luego conocido como Flint.

Su cariño hacia el juguete fue el inicio de su amor por los animales. Hasta su muerte, el juguete permaneció en su casa en el sur de Inglaterra.

Llegó por primera vez a África en 1960, con 26 años, sin título universitario ni experiencia científica, como lo hace un autodidacta que sigue una intuición.

Sus hallazgos sobre cómo los chimpancés salvajes se criaban, establecían liderazgos, socializaban y se comunicaban fueron considerados “uno de los grandes logros científicos del mundo occidental”, lo que hizo que Goodall se volviera una personalidad de renombre internacional.

En 1963, a los 29 años y apoyada financieramente por la National Geographic Society, que publicó sus estudios de campo en la Reserva de Chimpancés del Parque Nacional Gombe Stream (Tanzania), presentó un relato de 37 páginas sobre las vidas de Flo, David Greybeard, Fifi y otros miembros de la comunidad de primates con la que había interactuado.

Fue la primera en otorgarles nombre a los chimpancés que observaba, rompiendo con la tradición de numerarlos, pues notó que tenían personalidades únicas e individuales, una idea nada convencional para su tiempo. Hoy, esta práctica es común entre los etólogos y los especímenes en estudio.

Entre sus numerosos descubrimientos, encontró que los chimpancés tienen una gran inteligencia, arman y utilizan herramientas, además de poseer un amplio espectro de emociones.

Descubrió que no solamente los seres humanos tienen personalidad, sino que también son capaces de tener pensamiento racional y emociones como alegría y tristeza.

Registró conductas como abrazos, besos, palmadas en la espalda e incluso cosquillas, las cuales consideramos acciones humanas.

Goodall insistía en que estos gestos eran evidencia de relaciones afectivas, cercanas y de apoyo que se establecen entre miembros de la familia y otros individuos dentro de una comunidad, que puede tener una esperanza de vida de más de cincuenta años.

Estos hallazgos sugieren que las similitudes entre humanos y chimpancés no solo son genéticas, sino que pueden verse en las emociones, inteligencia y relaciones familiares y sociales.

Los chimpancés no eran las criaturas insensibles y carentes de inteligencia que la gente había asumido durante tanto tiempo. Todo lo contrario: se besaban, cuidaban mutuamente, iban a la guerra y transmitían lecciones de generación en generación.

Lo que mayor gratificación le dio fue observar el desarrollo de las crías y seguir la evolución de la relación entre madres e hijos. “Poco a poco, he comprendido la enorme importancia de los primeros años de experiencia en la sociedad de los chimpancés, al igual que en la nuestra. Y he descubierto que también hay madres buenas y malas en el mundo de los chimpancés”.

En contraste con las conductas cariñosas y pacíficas que observó, también encontró el lado agresivo de la naturaleza de los chimpancés en Gombe Stream.

Jane observó a hembras dominantes matar deliberadamente a hembras más jóvenes en el grupo para mantener su dominancia, a veces llegando al canibalismo. Ante estos eventos comentó:

“Durante los primeros diez años del estudio, había creído que los chimpancés de Gombe eran, en su mayor parte, más agradables que los seres humanos. Después hallamos que los chimpancés pueden ser brutales —que ellos, como nosotros, tenían un lado oscuro en su naturaleza”.

También descubrió que pueden ser crueles y mantener durante años lo que llamó una “guerra entre pandillas”.

Descubrió que estos animales hieren y cazan sistemáticamente a primates más pequeños, como monos colobos. Observó a un grupo de caza aislar un colobo en la parte alta de un árbol, bloquear todas las posibles salidas y después a un chimpancé trepar, capturar y matar al colobo. Entonces, los otros tomaron cada uno una parte del cadáver y lo compartieron con los miembros restantes del grupo, en respuesta a conductas de ruego.

Los chimpancés de Gombe matan y devoran hasta a un tercio de la población de colobos en el parque cada año. Esto fue un gran descubrimiento que desafió las concepciones previas sobre la conducta y dieta de los chimpancés.

Pero, tal vez aún más alarmante y perturbadora, era la tendencia a la agresión y violencia dentro de los grupos de chimpancés. Algo que terminó padeciendo.

Goodall había logrado pacientemente una conexión cercana con los chimpancés y se convirtió en el único ser humano aceptado en una sociedad de chimpancés hasta la fecha, siendo recibida como el miembro con menor estatus de un grupo por un período de veintidós meses, en los que hubo un principio y un final.

Algunos de los chimpancés con los que Goodall interactuó en sus años en Gombe fueron:

David Greybeard, un macho con mentón gris, que fue el primero en abrirse a Goodall.

Goliath, un amigo de David Greybeard, originalmente el macho alfa, nombrado así por su naturaleza audaz.

Mike, quien, utilizando su astucia e improvisación, desplazó a Goliath y se convirtió en macho alfa.

Humphrey, un macho alto y bravucón.

Gigi, una hembra grande y estéril, quien se regocijaba en ser la “tía” de cualquier joven chimpancé o humano.

Mr. McGregor, macho mayor y beligerante.

Flo, una hembra maternal y con estatus alto, de nariz bulbosa y orejas rasgadas, y sus cinco hijos: Figan, Faben, Freud, Flint y Fifi.

Hasta que, el segundo hijo de Fifi: Frodo, un macho agresivo que atacaba frecuentemente a Jane y que, en última instancia, la forzó a dejar el grupo cuando se convirtió en el macho alfa.

Jane confirmó que la discriminación viene de lejos.

Jane Goodall y su pequeño chimpancé Flint.

Actualmente, el Instituto Jane Goodall tiene una red mundial con 27 oficinas independientes; una de ellas está situada en Argentina.

En su última rueda de prensa en Argentina, Goodall mostró su temeridad incluso ante la muerte. “Si no hay nada, eso es todo. Pero si hay algo, no puedo pensar en una aventura más grande que descubrir lo que es”, dijo en una conversación con el diario LA NACION el año pasado.

Ahora Jane está allá, explorando y aprendiendo.

Fuentes:

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