Los Desiertos No Están Desiertos.
Si bien los desiertos se nos presentan como grandes extensiones que ofrecen condiciones difíciles para que la naturaleza prospere, eso no quiere decir que están despojadas de recursos naturales de alto valor agregado que todavía no hemos considerado en toda su dimensión. Simplemente creemos que el petróleo que extraemos de ellos tiene un valor significativo, pero subestimamos todo lo que lo habita en su superficie y en sus entrañas y el impacto que estas extensiones reflectoras solares tienen en el medio ambiente y en la atmósfera.
El Sahara, con más de 9.500.000 km2, supera ampliamente a su vecino el Mar Mediterráneo, que aproximadamente ocupa unos 2.500.000 km2. Allí mismo coexisten dos grandes campos donde agua y arena juegan sus roles e interactúan más allá de sus fronteras. Al sur, la Sabana también trabaja.
Miles de años atrás, el Sahara presentaba otro escenario bien diferente del que hoy observamos. Allí había cuerpos permanentes de agua, sabanas, praderas y hasta bosques. Actualmente, las precipitaciones están entre los 35 y 100 milímetros, mientras que miles de años atrás eran de hasta 2.000 milímetros. Esto surge de la evidencia fósil y de polen que se han encontrado junto a restos de grandes animales que hoy ya no lo habitan, como cocodrilos, elefantes, hipopótamos, etc.
En los pocos y muy aislados cuerpos de agua que todavía existen, se encuentran peces de la misma especie, estrechamente relacionados pero sin punto de contacto al día de hoy. Esto nos sugiere que había vías acuáticas intercomunicadas.
También hubo asentamientos humanos de cazadores y recolectores que dejaron antiguos anzuelos, sugiriendo un estilo de vida profundamente diferente al que se observa en la actualidad, y con una amplia fauna silvestre.
De esos humanos quedaron tribus que resisten atravesando el tiempo y sus dunas, evidenciando la gran capacidad de nuestra especie para adaptarse a climas extremos donde las temperaturas y la ausencia de sombra es tan aguda como la del agua.
Un medio ambiente que a pesar de ser árido y seco, no es un espacio vacío. Ese medio ambiente, al igual que el resto de los desiertos secos o húmedos, están en movimiento y son actores importantes en el tejido de la VIDA. Ellos prosperan y trabajan en algo que no estamos en condiciones de evaluar. Recién ahora y gracias al avance de la CIENCIA estamos pudiendo observar e interpretar su acción.
En Tadrart Acacus, en el suroeste de Libia en la región de Fezán, el ARTE rupestre también se presenta como otra fuerte evidencia de una cultura poseedora de un poderosísimo sentido estético y narrativo, quedando registrada la presencia de jirafas en medio del Sahara con dataciones que se remontan a 14.000 años atrás. Así como también llegan hasta hoy bellísimos antílopes inmortalizados en piedra, en el contundente arte de los petroglifos se exponen imágenes realizadas con una plasticidad, nivel estético y escultórico difícil de encontrar y realizar en la actualidad utilizando las mismas herramientas existentes en esa época.
Y yendo aún más atrás en el tiempo hasta llegar al periodo Paleógeno, hace más de 30 millones de años, el Sahara permanecía hundido bajo el Mar de Tethys donde prosperaba un extraordinario ecosistema. Fue en ese ciclo en el que se desarrollaron los mamíferos y las aves, mientras en los mares aparecieron nuevas especies de foraminíferos y los nummulites.
Lo que hoy se nos presenta ante nuestros ojos como desierto, no sería tan así. El Sahara está vivo y al igual que nosotros, con el tiempo cambió. Pero tiene su historia y recursos que no vemos. La tormenta de arena Calima es apenas un pequeño ejemplo de cómo el Sahara y el Planeta establecen una interrelación colaborativa intercontinental y atmosférica que implica una colosal logística climatológica supra inteligente que permite migrar toneladas de arena de un continente a otro para cumplir una misión nutritiva, y que muestra cómo el planeta asigna prioridades, evoluciona y modifica su naturaleza para adecuarse al momento que le toca existir acondicionando sus recursos y espacios sin consultarnos.
Es bastante relativo que el territorio en el cual nos toca en suerte transitar nuestra existencia y al que le asignamos importancias limítrofes, sociales, culturales o estratégicas mañana siga teniendo las condiciones que le atribuimos y lo que nos parece una cosa termine siendo otra. Y llegado el momento de una reconfiguración o restarteo planetario a los que hoy señalamos como incivilizados o iletrados digitales migren, prosperen y nos precedan hacia otras condiciones sociales menos salvajes y depredadoras.
Los humanos que la recorren desde hace millones de años han acumulado una sabiduría de la que solo nos alimentamos comercialmente, subestimando su potencial y capacidad interpretativa. Basta oír el impacto de su música, que se fusionó con lo que escuchamos, o en la pintura, donde sería prudente repasar su influencia por ejemplo en Picasso. También en la narrativa oral y escrita nos ofrecen una impronta fascinante.
Uno de los pueblos que hoy siguen transitándolo desde hace mucho más de 10.000 años fueron llamados despectivamente por los griegos (βάρβαρος) “Berebers” que significa “bárbaros, brutos”
Una respuesta llega desde un antiguo dicho africano que nos dice:
Entre los camellos nadie se ríe de las jorobas.
En un mundo desértico ¿tú no desearías ser un Bereber …
… o aunque más no sea un camello?
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