Un Sol y Un Planeta Trabajando En Equipo

Tormenta solar del 10 al 12 de Mayo de 2024

Nuestro planeta es una Gran Unidad Biológica, la atmósfera es un sistema inteligente que también fue creciendo y adaptándose con ella, es la socia estratégica que permite la proliferación de la vida que observamos en aire, tierra y agua.

La atmósfera es mucho más que unas capas superpuestas, es fundamental para proteger y hacer prosperar la vida, el clima, y todo lo que hace posible nuestro desarrollo.

Pero el planeta no es el actor principal interactúa con la Luna y el Sol. Nuestra estrella es la gran proveedora del sistema y recién ahora podemos registrar su actividad aunque desde el inicio mismo de nuestra irrupción en la historia tanto el Sol como la Luna fueron parte de nuestra relación con el universo próximo.

Para entender mínimamente lo complejo, contradictorio y la dependiente que puede resultar, a nuestro nivel de entendimiento, la relación Sol>Planeta deberemos reconocer primero la existencia de una inteligencia que opera en otra escala y dimensión la cual tiene un lado racional y otro sensible o emocional quedando de esta relación eventos que son debidamente registrados entre el emisor y el receptor. Esta evidencia está presente en la vegetación, en la geología y en otros lugares donde se puedan encontrar sus rastros.

El Sol emite constantemente un flujo de partículas energéticas, algunas de las cuales impactan la Tierra. La densidad y la energía de este flujo es variable en tiempos e intensidades con frecuencias difíciles de determinar o predecir y algunos de estos episodios han quedado registrados en los anillos de los árboles, cuando esto sucede se produce una reacción en cadena que da como resultado la producción de un átomo de carbono-14 que se “escribe” en el interior del árbol permitiendo determinar con cierta precisión el año en que transcurrió el evento.

Hay registros de 5 eventos de gran magnitud que ocurrieron aproximadamente en los años 660 a.C., 774-775 d.C. y 992-993 d.C.

Con anterioridad en los años 5411 a.C. y 5410 a.C. hubo tormentas solares de gran magnitud, haciendo que el carbono-14 atmosférico aumentase un 0,6% año tras año en el hemisferio norte según se desprende de muestras recolectadas de árboles en tres sitios distantes entre sí: en Suiza un alerce europeo, en Finlandia de un pino escocés y en California de un pino bristlecone.

NOTA: al Pinus Longaeva o Bristlecone se lo reconoce como un superárbol. Son pinos longevos, pueden llegar a cumplir miles de años y superar a los bosques de Secuoyas. Sus apariencia no coinciden con lo que esperamos ver de un árbol apenas si tienen algunas hojas pero son fuertes, resistentes y perseverantes. Sólo se los encuentra en las montañas del oeste norteamericano, en California, Nevada y Utah y se cree son los organismos no clonados vivientes más antiguos del planeta.

A partir de estos registros tomados por los pinos luego de atravesar severos cambios climáticos o tormentas solares se comprobó que debieron transcurrir varios años antes de volver a niveles normales. Esto evidencia el impacto ambiental que genera el Sol en el ecosistema más allá del que se puede producir en los sistemas electrónicos satelitales y comunicación que tanto preocupa a los nativos digitales.

Este sutíl registro es llevado por los árboles, a esta altura sería prudente reflexionar sobre quién es el primero en escribir la historia en tiempo real?

¿Esa necesidad de asentar y registrar eventos climáticos y medio ambientales obedece a un pedido realizado por nosotros?.

Frente a semejante escritura reconozcamos que somos analfabetos.