Volcanes
Atacama: una Historia Escrita en Fuego y Piedra
El desierto de Atacama no es solamente un territorio de antigua aridez junto a una cordillera volcánica. Es un paisaje en el que convergen procesos geológicos, atmosféricos y climáticos desarrollados a lo largo de escalas de tiempo muy diferentes. Los volcanes forman parte de esa dinámica y sus huellas permiten reconstruir una historia que todavía no conocemos por completo.
Sus erupciones pueden transformar el relieve, alterar la calidad del aire y modificar temporalmente las condiciones atmosféricas. En determinadas erupciones explosivas, la inyección de dióxido de azufre en la estratosfera puede originar aerosoles que reflejan parte de la radiación solar y provocan un enfriamiento temporal del clima global. La magnitud de estos efectos depende de las características de cada erupción y de las condiciones en que se produce.
En Sudamérica, la extensa cadena volcánica de los Andes forma parte de un sistema terrestre conectado con los océanos, la cuenca amazónica y la circulación atmosférica continental. Comprender su historia permite explorar cómo interactúan los procesos internos de la Tierra, el clima y las sociedades humanas.
Un Desierto de Larga Historia
Para reconstruir la historia de Atacama debemos considerar el encuentro entre un territorio que ya acumulaba una larga historia de aridez y una cordillera cuyo relieve continuaba transformándose. No fue un acontecimiento único, sino un proceso geológico prolongado, durante el cual cambiaron la altura de los Andes, la circulación atmosférica, el drenaje de las aguas, la actividad volcánica y la disponibilidad de humedad.
El levantamiento andino contribuyó a reforzar la barrera que dificulta el ingreso de humedad desde el este. Al mismo tiempo, la corriente fría de Humboldt y la circulación atmosférica subtropical favorecieron la aridez. Sin embargo, estos factores no actuaron de manera simultánea ni explican por sí solos la evolución del desierto.
Un estudio publicado en Nature Communications en mayo de 2026 aporta una nueva perspectiva: sus resultados sugieren que la aridificación del núcleo hiperárido de Atacama pudo haber comenzado mucho antes de lo que proponían algunas interpretaciones tradicionales, incluso antes del gran levantamiento andino y de la configuración moderna de la corriente de Humboldt. Los autores plantean que el enfriamiento climático global pudo desempeñar un papel importante. Se trata de una contribución reciente a un debate científico todavía abierto.
Una Extensa Región Volcánica
El desierto de Atacama se encuentra junto al margen occidental de Sudamérica, donde la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Sudamericana. Este proceso, conocido como subducción, alimenta el magmatismo que ha dado origen a buena parte de la cordillera volcánica de los Andes.
Aunque el desierto propiamente dicho ocupa sectores bajos y costeros, la mayor concentración de grandes volcanes se encuentra hacia el este, en la cordillera y el Altiplano-Puna. El entorno andino de Atacama reúne numerosos sistemas volcánicos activos o potencialmente activos, pero su actividad histórica documentada es mucho menos abundante que las evidencias de su actividad geológica pasada.
Un trabajo publicado en Frontiers in Earth Science en 2022, titulado An Inside Sun: Lickanantay Volcanology in the Salar de Atacama, documenta los conocimientos ancestrales del pueblo Lickanantay —también conocido como atacameño— sobre los volcanes y los fenómenos geotérmicos de la cuenca del Salar de Atacama. Los autores describen un territorio rodeado por más de 19 volcanes activos y señalan una larga historia de ocupación humana de la región.
La cifra de volcanes corresponde al ámbito geográfico y a los criterios utilizados por ese estudio; no debe extrapolarse automáticamente a todo el desierto de Atacama. Tampoco es posible identificar de manera directa a todos los antiguos habitantes de la región con el pueblo Lickanantay actual.
Las investigaciones arqueológicas han identificado depósitos volcánicos en lugares vinculados con antiguas ocupaciones humanas. Entre los episodios estudiados figuran una erupción explosiva del complejo de Tumbres, hace aproximadamente 9.100–9.300 años calibrados antes del presente, y el gran colapso del flanco noroccidental del volcán Socompa, ocurrido hace unos 6.200–6.400 años. Son acontecimientos distintos: el primero corresponde a una erupción; el segundo, a una enorme avalancha de escombros provocada por el colapso de parte del edificio volcánico.
Una Historia de Transformaciones
Mientras los Andes se elevaban y se ensanchaban, la subducción de la placa de Nazca alimentaba el magmatismo andino. Sin embargo, la construcción de la cordillera, la evolución del desierto y la actividad volcánica no avanzaron como un único acontecimiento sincronizado.
A lo largo de millones de años se produjeron:
Erupciones explosivas que depositaron cenizas y materiales piroclásticos.
Emisiones de gases volcánicos, algunas con potencial para influir en la atmósfera.
Formación de extensos campos de lava, domos y complejos volcánicos.
Colapsos de edificios volcánicos y grandes avalanchas de escombros.
Modificaciones del relieve que alteraron localmente el drenaje y la conservación de sedimentos.
Tumbres y Socompa ilustran la diversidad de estos procesos. Sus depósitos permiten reconstruir episodios concretos de la historia geológica, pero no bastan, por sí solos, para calcular toda la actividad volcánica acumulada durante millones de años.
Estamos ante una larga transición en la que interactuaron una aridez preexistente, una cordillera en evolución y un sistema volcánico cambiante. La dificultad consiste en que no intentamos contar solamente erupciones: buscamos reconstruir la transformación conjunta de la superficie terrestre, la atmósfera y el agua a lo largo de millones de años.
Atacama conserva las huellas de una aridez muy antigua, de una cordillera que se elevó durante millones de años y de sistemas volcánicos cuya historia conocemos de manera fragmentaria. La atmósfera, por su parte, responde a procesos que no siempre podemos reconstruir con precisión.
Algunos Sistemas Volcánicos Relevantes
Volcán Láscar
Uno de los volcanes más activos de los Andes del norte chileno
Su historia eruptiva se extiende a lo largo de cientos de miles de años. Presenta actividad fumarólica y episodios explosivos recurrentes. Entre los acontecimientos recientes más relevantes se encuentra la erupción de diciembre de 2022, que produjo una columna de cenizas y flujos piroclásticos.
El catálogo del Programa Global de Vulcanismo del Smithsonian también registra actividad eruptiva el 8 de febrero de 2026, con una columna de gases y cenizas que alcanzó aproximadamente 1,1 kilómetros sobre el borde del cráter.
La erupción de abril de 1993 produjo una columna eruptiva de gran altura y dispersó cenizas a grandes distancias, incluso hacia Argentina. El episodio demuestra que una erupción originada en una región extremadamente árida puede afectar territorios situados a cientos de kilómetros del cráter.
Por su actividad recurrente y sus registros históricos, el Láscar constituye un caso central para estudiar el volcanismo activo de Atacama.
Volcán San Pedro
Es un estratovolcán de aproximadamente 6.145 metros de altura, con una larga historia geológica. Algunos catálogos consignan episodios de actividad histórica entre los siglos XIX y XX; sin embargo, determinados registros podrían corresponder a incrementos de actividad fumarólica y no a erupciones confirmadas.
Por ello, conviene distinguir entre las evidencias geológicas de su pasado eruptivo y los episodios históricos cuya naturaleza no está del todo establecida.
Volcán Ollagüe
Este complejo volcánico fronterizo presenta actividad fumarólica. Sus emisiones de gases y manifestaciones térmicas son importantes para la vigilancia geológica, pero no deben confundirse automáticamente con erupciones históricas confirmadas.
Volcán Putana o Jorquencal
Se distingue por sus fumarolas visibles. Es un ejemplo de cómo un volcán puede manifestar actividad térmica y emisiones de gases sin estar necesariamente atravesando una erupción.
Algunos registros consignan una posible erupción alrededor de 1810, aunque la interpretación de ese episodio no es unánime. La existencia de fumarolas actuales no permite confirmar por sí sola que se haya producido una erupción histórica.
Volcán Socompa
El colapso de un gigante andino
Socompa es conocido por el colapso de su flanco noroccidental, que originó una enorme avalancha de escombros. Las investigaciones geocronológicas sitúan el acontecimiento aproximadamente entre 6.200 y 6.400 años antes del presente. El depósito de la avalancha se extiende a lo largo de decenas de kilómetros.
Este episodio es fundamental para comprender cómo los grandes cambios del paisaje volcánico pueden modificar el relieve y dejar huellas que perduran durante milenios. Su posible impacto sobre poblaciones humanas concretas y la conservación de ese acontecimiento en tradiciones orales requieren evidencias adicionales.
Complejo de Tumbres
En este sistema se han identificado depósitos de caída de pómez andesítica y un flujo piroclástico asociados a una erupción ocurrida hace aproximadamente 9.100–9.300 años calibrados antes del presente.
Es una referencia importante para estudiar el volcanismo explosivo de la región y explorar su relación temporal con las antiguas ocupaciones humanas. Para establecer un vínculo directo con una comunidad determinada, sin embargo, es necesario contar con evidencias arqueológicas específicas.
Volcán Llullaillaco
Situado en la frontera entre Chile y Argentina, el Llullaillaco alcanza aproximadamente 6.739 metros de altura. El catálogo del Smithsonian registra episodios eruptivos históricos en 1854, 1868 y 1877.
Su altura, su ubicación y sus evidencias arqueológicas lo convierten en un caso destacado para estudiar la relación entre las montañas andinas y las sociedades humanas.
Volcán Chiliques
No cuenta con erupciones del Holoceno reconocidas en el catálogo del Smithsonian. En 2002 se detectaron anomalías térmicas satelitales, un dato de interés científico que no constituye, por sí solo, evidencia de una erupción.
La montaña también presenta evidencias arqueológicas de actividad ceremonial en altura y de su importancia para comunidades de la zona de Socaire. Esta dimensión cultural debe estudiarse por separado de su historia eruptiva.
Volcán Licancabur
Una montaña de significado ceremonial
La fecha de la última erupción del Licancabur no está establecida con certeza. Sin embargo, la montaña posee una historia cultural de especial interés.
Una investigación arqueológica publicada en Latin American Antiquity presenta evidencias de antiguas peregrinaciones andinas a la montaña que se remontan a unos 3.300 años. Un testimonio histórico señala que, en 1879, los atacameños o Lickanantay realizaban procesiones anuales al Licancabur. El estudio propone que estas prácticas continuaron hasta fines del siglo XIX, aunque reconoce que hoy no se han encontrado registros ni memorias orales locales que permitan reconstruirlas por completo.
Estas evidencias documentan la importancia ceremonial de la montaña, pero no demuestran que las peregrinaciones conservaran recuerdos de erupciones específicas. La historia cultural de un volcán y su historia eruptiva son dimensiones relacionadas, pero diferentes.
El Tatio
Un paisaje geotérmico
El Tatio es un extenso campo geotérmico situado en el entorno volcánico de los Andes. Sus géiseres y manifestaciones hidrotermales son expresiones de la circulación de agua calentada por el calor interno de la Tierra; no deben contabilizarse como volcanes independientes.
El estudio An Inside Sun: Lickanantay Volcanology in the Salar de Atacama documenta conocimientos ancestrales sobre la relación entre el agua, el calor, las montañas y el territorio. También recoge interpretaciones culturales del mundo geotérmico como parte de una red de relaciones entre la naturaleza y la vida comunitaria.
Volcanes, Memoria y Conocimiento Ancestral
La evidencia disponible no permite afirmar que los pueblos Lickanantay o los incas hayan transmitido relatos que puedan vincularse inequívocamente con una erupción concreta del Láscar, Socompa u otro volcán de la región.
Sí existen investigaciones sobre la importancia ritual y territorial de las montañas, las peregrinaciones prehispánicas y los conocimientos indígenas relacionados con los fenómenos volcánicos. El estudio de Ramos Chocobar y Tironi, An Inside Sun: Lickanantay Volcanology in the Salar de Atacama, publicado en 2022, resulta especialmente relevante porque aborda estos conocimientos como un sistema propio de observación, interpretación y relación con el territorio, y no simplemente como una colección de leyendas.
Los volcanes de Atacama y de la cordillera andina no son solamente elementos del paisaje. Forman parte de un sistema terrestre en el que interactúan la atmósfera, los océanos, los ecosistemas y las sociedades humanas. Reconstruir su historia exige combinar geología, climatología, arqueología y conocimiento cultural, sin confundir las evidencias de cada disciplina.
Las rocas conservan fragmentos; la ciencia aprende a interpretarlos. Pero entre ambos permanece una inmensidad de pasado que todavía no sabemos descifrar.
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