Tormenta Transatlántica
El desierto que vuela hacia el océano
Muchos fenómenos naturales, incluidas las erupciones volcánicas, los incendios forestales y las tormentas de arena, liberan contaminantes y nutrientes a la atmósfera. Las partículas de polvo o arena pueden recorrer largas distancias, según se presenten los vientos y las nubes. En el caso de la capa de aire sahariana llamada Calima hay algo más allá que un fenómeno metereológico aleatorio que puede ocurrir en cualquier momento del año y que suele coincidir con el aire caliente que se encuentra presente en el lugar y que es uno de los protagonistas de este evento.
El viaje transatlántico se inicia en el desierto del Sahara de África del Norte cuando hay una atmósfera activa hasta altitudes de varios kilómetros y que presenta una extraordinaria movilidad. En el desierto, la temperatura aumenta con la altura. La arena, en forma de partículas, se eleva hasta alcanzar los 6.000 metros gracias a los fuertes vientos del Sahara conducen a la Calima a través de las Islas Canarias al Sur y al ingresar en el Atlántico es llevada por los vientos Alicios que marchan a una velocidad media de unos 20 km/h. que sumados al efecto Coriolis (que en el ecuador alcanza una velocidad de 1.600km/hr) le permiten a esta gigantesca tormenta de cientos de millones de toneladas de arena migrar más de 7.000km.
Estamos hablando de la tormenta de mayor peso del planeta.
Las partículas de polvo en suspensión que la componen son ricas en hierro y reflejan la radiación solar además de formar una gran nube similar a una bruma, la cual tiene una mayor densidad que proyecta una sombra sobre el océano enfriando inicialmente la atmósfera al reducir el ingreso de luz solar y atenuar el calentamiento del océano, favoreciendo la disminución de los ciclones tropicales, a los que se vinculan con la temperatura del océano.
En el trayecto el polvo se va depositando sobre el océano donde los micro-organismos como el fitoplankton o bacterias animales pueden alimentarse de nutrientes que les son útiles mientras que las partículas de mayor peso se hunden hasta el fondo del océano.
Se trata de una actividad atmosférica de una generosa inteligencia donde el desierto evidencia estar involucrado en un movimiento solidario donde muchas de esas partículas de arena del desierto africano riegan y descienden hasta las profundidades del fondo oceánico para reencontrase con sus hermanas atlánticas.
Santiago Gassó, geofísico argentino e investigador de NASA, sostiene que “el polvo que llega a América es cien veces más pequeño que el polvo doméstico. Cada grano es invisible a los ojos, pero su acumulación sí se hace visible”. Además de fertilizar el Amazonas, es posible que también haya una fertilización del océano.
Cuando la Calima vuela de un continente a otro lo hace para alimentar con los necesarios y esperados nutrientes ella no arrastra arena pura, es decir sílice, sino distintos tipos de sustratos ricos en minerales.
Al final de tan extenso viaje el 4% de los componentes que salieron de África se precipiten sobre el estado de Florida en América del Norte, el Caribe y al Amazonas al cual llegan aproximadamente 28 millones de toneladas. De esa cantidad, casi el 1 % está conformado por fósforo, un nutriente esencial para las plantas, difícil de sintetizar en la naturaleza y que abunda en el Sáhara, rico en yacimientos de fosfatos tiene además una composición de diferentes elementos químicos muchos de los cuales son nutrientes como el nitrógeno que son utilizados por las plantas.
Cuando vemos al desierto no estamos frente a un espacio vacío e inanimado él se encuentra en perpetuo movimiento evidenciando tener la capacidad logística para transportar alimentos hasta el otro lado del mundo participando en el complejo entramado de la vida.
Allí nace esta nube de cientos de millones de toneladas de arena africana de roca triturada proveniente de un extraordinario desierto cálido de 9.400.000 km² que actúa como agente atmosférico y hasta no mucho tiempo atrás estuvo cubierto de vegetación.
Más lejos la maltratada vegetación de la selva amazónica espera con ansias el arribo de ese auxilio planetario que viene en camino.
La tormenta del desierto trabaja para llevar alivio y esperanza para que la floresta americana no desaparezca.
¿Quién mejor que el Sahara para saber lo que está en juego?