Silencios que Dicen Mucho

La ausencia de eventos atmosféricos estacionales previstos para este 2025 rompe patrones del comportamiento y las dinámicas del clima, alterando ciertas líneas de cálculo y pronósticos que solo se corroborarán con el tiempo.

A pesar de estar cada vez más organizados en producir estadísticas y registros, hay situaciones que, al no presentarse, alteran todos los pronósticos. Es algo similar a cuando la novia se da a la fuga y queda el novio solo en el altar. Ese vacío da mucho para analizar.

Tanto en el hemisferio Norte como en el hemisferio Sur hubo ausencias que dejan más dudas que certezas; la temporada de huracanes se suspendió antes de tiempo.

Al momento, El Niño y La Niña guardan silencio; no emiten señales de cuáles son sus intenciones. Estas calmas son inquietantes, y no es para menos: la iglesia está colmada de invitados, y tanto el novio como la novia no aparecen.

Pronóstico Reservado

Hemisferio Sur

La situación actual de neutralidad en el fenómeno Niño-Niña no es excepcional y ha ocurrido en varias ocasiones en las últimas décadas; es parte natural de la variabilidad del sistema ENSO.

Esta “naturalidad” también explica cómo en 2020 la Oficina de Meteorología del gobierno de Australia, que registra el progreso de la temperatura del océano Pacífico analizando siete modelos climáticos mundiales, anticipó: La Niña sería de corta duración y de fuerza débil a moderada. “Para que 2021-22 sea considerado un año de La Niña, el evento deberá mantenerse durante al menos tres meses”, señalaron en ese momento

La Niña no prestó atención a este diagnóstico y decidió quedarse durante tres años creando una sequía que intensificó la desertificación y los incendios.

Una de las causas probables de esta anomalía de tres años que mantuvo a La Niña podría ser los enormes incendios de Australia en 2020-2021, que produjeron una nube de humo que cruzó el Atlántico, proyectando una sombra que enfrió la superficie oceánica, lo cual contribuyó a desestacionalizar el ciclo de alternancias entre La Niña y El Niño.
La relación entre los océanos y la atmósfera es fundamental para definir y regular el clima global de la Tierra: ambos sistemas están interrelacionados e interactúan constantemente a través de intercambios de energía, materia y movimiento del sistema climático más amplio, donde los océanos actúan como un “regulador” térmico y químico, y la atmósfera distribuye el calor y la humedad.
Desde mediados de marzo de 2023, las temperaturas oceánicas se han disparado hacia los niveles medios más altos en 40 años de seguimiento y registros satelitales.

El escenario que se configura hoy presenta un contexto medioambiental inusual, del cual no hay demasiados registros que permitan realizar un pronóstico.

Actualmente, en el hemisferio sur, estamos transitando una fase neutral del fenómeno ENSO desde aproximadamente principios de 2025, con condiciones neutrales informadas al menos desde abril de 2025.  
 
Actualmente, el sistema climático global se encuentra en una fase neutra del fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur), es decir, no hay una influencia dominante ni de El Niño ni de La Niña. Esta situación se produce cuando las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico central y oriental se mantienen cerca de los valores promedio, y los indicadores atmosféricos no muestran señales claras de ninguna de las dos fases extremas.
 
Los períodos neutros del ENSO son habituales y pueden extenderse durante meses o años entre eventos de El Niño y La Niña.
 
La fase neutra implica mayor incertidumbre en las predicciones climáticas globales, ya que no hay una señal dominante del ENSO.

¿Qué es un Período Neutro del ENSO?

El ENSO tiene tres fases:

El Niño: fase cálida, con temperaturas superficiales del mar superiores a la media.

La Niña: fase fría, con temperaturas superficiales del mar inferiores a la media.

Fase neutra: ausencia de anomalías significativas, con valores cercanos al promedio

Durante la fase neutra, los patrones climáticos globales tienden a ser menos predecibles, ya que no hay una señal clara que domine el sistema climático.

El ciclo ENSO es irregular, con fases que pueden durar entre 2 y 7 años.

La fase neutra puede presentarse entre episodios de El Niño y La Niña, y su duración es variable.

No es raro que, tras un evento de La Niña o El Niño, el sistema pase varios meses o incluso más de un año en condiciones neutras antes de que se desarrolle la siguiente fase activa.

Ejemplos Históricos de Períodos Neutros Extensos

Aunque los registros suelen centrarse en los eventos de El Niño y La Niña, existen antecedentes de períodos neutros prolongados. Algunos ejemplos recientes y documentados incluyen:

2013-2014: Tras un evento de La Niña (2011-2012), el ENSO permaneció en condiciones neutras durante casi dos años antes del desarrollo de un nuevo evento de El Niño en 2015.

2001-2002: Después de una prolongada La Niña (1998-2001), se registró un período neutro hasta la llegada de El Niño en 2002.

2006-2009: Entre el evento de El Niño 2006-2007 y La Niña 2007-2008, y luego hasta el siguiente Niño en 2009, hubo fases neutras intercaladas.

Estos períodos neutros pueden variar en duración, desde varios meses hasta más de un año, dependiendo de la dinámica oceánica y atmosférica global.

El tiempo dirá.

Hemisferio Norte

Huracanes

Para este 2025, se pronosticaban tres grandes huracanes de categoría 5. El huracán Erin alcanzó ese nivel al norte del Caribe, sin tocar tierra, y siguió viaje hacia el Atlántico Norte. El huracán Melissa se formó en el Mar Caribe y arrasó con Jamaica y parte de Cuba.

Entre 1851 y 2024 solo siete huracanes tocaron tierra en noviembre.

Kate (1985): es el huracán más intenso que llegó a territorio estadounidense durante ese mes.

Lenny (1999): se convirtió en el más fuerte registrado en noviembre y avanzó de oeste a este, lo que le valió el apodo de “Lenny al revés”.

Otto (2016): se convirtió en el más tardío registrado en el Caribe y el más fuerte siendo el único huracán que cruzó Costa Rica hacia el océano Pacífico.

Eta (2020): alcanzó categoría 5 antes de impactar en Nicaragua y posteriormente avanzó hacia Cuba y Florida.

Nicole (2022): es el más reciente y azotó la costa este de Florida.

Algunos argumentos que explican esta inusual temporada obedecen a la sequedad y estabilidad del Atlántico tropical, a la actividad de una corriente de aire frío en niveles altos de la atmósfera proveniente del Vórtice Polar Ártico, y otro motivo nos lleva hasta África occidental, donde se produjo una importante reducción de lluvias y a la activa tormenta de arena Calima, que estuvo muy proyectando sombra sobre el Atlántico en su trayecto hacia América desde principios de abril.

A medida que noviembre avanza, los días transcurren sin dar señales de alerta, aunque ellas estén activas, o tal vez “restartando” al sistema natural para dar inicio a una nueva versión más actualizada para estos tiempos que transitamos.

Por lo pronto, tanto los huracanes como las tormentas estancadas que han actuado estos dos últimos años como la DANA en Valencia, la tormenta en Rio Grande do Sul en Brasil y la de Bahía Blanca en Argentina dan muestras de que nuestros cálculos y proyecciones pueden estar quedando desactualizados.

La incorporación de la inteligencia artificial a estas tareas enfrenta desafíos tan novedosos que, con su ayuda, esperamos puedan ser bien interpretados.

El tiempo dirá.

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