Atacama 13.000 años Bajo un Mismo Cielo
El desierto de Atacama, en el norte de Chile, es uno de los territorios más privilegiados del planeta para la observación astronómica. La extrema aridez, la gran altitud de sus montañas, la escasa nubosidad y la baja contaminación lumínica ofrecen condiciones excepcionales para estudiar el Universo. Por eso, allí se han instalado grandes observatorios científicos que reúnen tecnología de punta y cooperación internacional.
Porque combina condiciones atmosféricas excepcionales con una extensa infraestructura científica internacional. Además, no todos estos observatorios miran el cielo del mismo modo: algunos captan la luz visible e infrarroja, mientras que otros, como ALMA, detectan señales de radio. Cada técnica revela aspectos diferentes del cosmos.
En conjunto, convierten al desierto en una auténtica ventana terrestre al Universo, desde la cual se investigan tanto los orígenes de las estrellas como la evolución de las galaxias y la posibilidad de otros mundos.
Una precisión geográfica: varios observatorios asociados habitualmente con la astronomía chilena se encuentran en las regiones de Antofagasta y Atacama, mientras que otros, como La Silla, Cerro Tololo y Cerro Pachón, están más al sur, en la Región de Coquimbo.
Durante la década de 1960 — Comienza la gran expansión internacional: se intensificó la búsqueda de lugares de observación en el norte chileno, favorecida por sus cielos despejados y su atmósfera estable.
En 1969 — Observatorio La Silla: la ESO inauguró su primer observatorio en Chile, en la Región de Coquimbo, al sur de la zona central del desierto de Atacama, el desarrollo decisivo comenzó durante la segunda mitad del siglo XX, aunque la astronomía científica chilena tenía antecedentes desde mediados del XIX.
Bajo un Mismo Cielo
Tres instalaciones destacadas
ALMA Observatory Antennas Explore Space From High Plateau of Chilean Desert
1. ALMA
Es un conjunto de 66 antenas que trabajan coordinadamente para observar el Universo en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas. Permite investigar nubes de gas y polvo donde nacen las estrellas, la formación de sistemas planetarios y galaxias muy distantes.
2. Observatorio Paranal - Cerro Paranal · unos 2.635 metros
Alberga el Very Large Telescope (VLT), uno de los complejos de observación óptica e infrarroja más avanzados del mundo. Sus instrumentos permiten estudiar desde planetas y estrellas hasta galaxias lejanas.
Es un proyecto de la ESO que se construye en la región de Atacama. Su espejo principal de 39 metros de diámetro está diseñado para ampliar enormemente la capacidad de observar exoplanetas, estrellas y galaxias.
También se destaca el Observatorio Las Campanas, cerca de Vallenar, y el histórico Observatorio La Silla, en el límite meridional del desierto. Ambos forman parte de la importante infraestructura astronómica del norte chileno.
Marte Está a un Paso
La NASA considera al Atacama un análogo terrestre de Marte: un lugar de nuestro planeta cuyas condiciones permiten ensayar instrumentos y procedimientos destinados a explorar otro mundo.
Atacama funciona como un laboratorio natural en el que los científicos pueden ensayar cómo desplazarse, perforar y buscar indicios de vida en un entorno extremadamente hostil, antes de intentar realizar esas operaciones a millones de kilómetros de distancia.
En cierto sentido, explorar el Atacama no consiste únicamente en preparar máquinas para Marte; también permite comprender qué huellas podría dejar la vida —y cuánto tiempo podrían sobrevivir esas huellas— en un planeta que se ha vuelto progresivamente más árido.
La semejanza no significa que ambos ambientes sean idénticos. Lo que hace valioso al Atacama es la combinación de extrema sequedad, suelos con sales, elevada oxidación y una cantidad muy reducida de microorganismos en ciertos sectores. Estas condiciones permiten poner a prueba equipos diseñados para buscar indicios de vida en ambientes hostiles.
El proyecto ARADS: un vehículo que perfora el suelo y busca señales de vida
Uno de los experimentos más interesantes fue el programa ARADS (Atacama Rover Astrobiology Drilling Studies), dirigido por el Centro de Investigación Ames de la NASA, con participación de instituciones científicas de Estados Unidos, Chile y España. Las campañas de prueba se desarrollaron durante varios años, entre 2016 y 2019.
El sistema de perforación TRIDENT fue diseñado para extraer material situado por debajo de la superficie. En las pruebas del programa se trabajó con muestras obtenidas a profundidades de hasta un metro.
Un brazo robótico transfería el material extraído a instrumentos capaces de detectar moléculas y otros posibles indicadores biológicos.
Los investigadores demostraron que podían integrar desplazamiento robótico, perforación, manipulación de muestras y análisis científico en una operación coordinada en el desierto. El objetivo era comprobar las dificultades reales de una futura exploración planetaria, no solamente que el vehículo pudiera circular.
Los ensayos revelaron que algunas operaciones, como la navegación autónoma y la perforación, podían resultar más sencillas de lo esperado. En cambio, surgieron dificultades relacionadas con el consumo de energía, las vibraciones y la necesidad de limpiar y mantener los instrumentos durante las campañas de campo.
En Marte, un problema mecánico o una contaminación de las muestras puede comprometer una investigación completa. Allí no existe la posibilidad de enviar rápidamente un técnico para reparar el vehículo.
Además, el Atacama permite investigar una cuestión científica de enorme importancia: cómo distinguir señales biológicas reales de las alteraciones químicas que el ambiente extremo produce en la materia orgánica.
por qué no incorporar también a personas de pueblos originarios, con sus conocimientos y perspectivas, en la selección y preparación de futuras tripulaciones? No por atribuirles capacidades innatas, sino por reconocer el valor potencial de conocimientos desarrollados en relación estrecha con ambientes extremos.
Y hay una dimensión adicional: sería deseable que esas comunidades participaran no solo como fuente de conocimiento, sino también como protagonistas de las decisiones sobre cómo se utiliza y se reconoce ese saber.
Astronautas Atacameños
La humanidad quizá llegue a Marte con máquinas extraordinarias, pero también debería llevar consigo la diversidad de conocimientos que le permitió aprender a habitar la Tierra.
Considerar que la adaptación al medio ambiente es un recurso natural de la especie que a podido dar evidencias de poder vivir y prosperar en diversos ambientes.
Tener esa capacidad heredada de adaptación al medio ambiente es uno de los recursos fundamentales que permitió a nuestra especie habitar y prosperar en territorios muy diferentes de la Tierra.
Los seres humanos no nos adaptamos únicamente mediante cambios biológicos. También lo hacemos a través del conocimiento, la cultura, la tecnología y la cooperación social.
El pueblo Lickanantay constituye un ejemplo notable. Durante generaciones desarrolló formas de vida ajustadas a las condiciones del desierto de Atacama: aprovechamiento del agua, agricultura en oasis, pastoreo, intercambio entre distintos pisos ecológicos y transmisión de conocimientos ambientales.
Esa experiencia no significa que sus integrantes posean una capacidad biológica innata superior para sobrevivir en ambientes extremos. Significa que la adaptación humana es, en gran medida, una construcción colectiva acumulada a lo largo del tiempo.
Tal vez un Lickanantay se sienta cómodo en el planeta rojo.
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